
La inflación ha reaparecido en el centro del discurso patronal. Mientras el Poder Ejecutivo busca alternativas para incrementar la inversión privada, los grupos económicos se preparan para un nuevo round en el combate contra los salarios y amenazan con un Nuremberg al gobierno que rechaza las salidas habituales, a expensas de los trabajadores.
Por Horacio Verbitsky
La utilidad de los psicodiferentes es que dicen antes y más claro que otros lo que todos los miembros de la especie piensan. Esta semana fue el turno del presidente de Fiat Auto, Cristiano Rattazzi Agnelli y del secretario de la Unión Industrial José Ignacio de Mendiguren, quienes hicieron públicas sus opiniones sobre la inflación y las negociaciones salariales, que por supuesto vinculan. Rattazzi Agnelli vive en la Argentina porque su poderosa familia entendió que aquí podía hacer menos daño a los intereses comunes. De Mendiguren es el encargado de las tareas sucias en la UIA. Hace ya muchos años liquidó todas sus inversiones productivas y sólo se dedica a las financieras, pese a lo cual sigue actuando como vocero de los industriales.
La preocupación de Rattazzi Agnelli son los presuntos “desbordes salariales”, que atribuyó tanto a la reactivación brasileña que sostiene la demanda de vehículos producidos en la Argentina como a las negociaciones sindicales de aumentos. Dijo que habría problemas “a mediano plazo” debido a “la cadena de pedidos salariales año a año tan altos”. Agregó que había que copiar el ejemplo de Brasil, Uruguay y Chile para controlar la inflación. El gobierno debería controlar las expectativas del sector laboral, que a su juicio sería el motor de la inflación. De Mendiguren, ministro de Devaluación y Pesificación Asimétrica durante el interinato del ex senador Eduardo Duhalde, durante el cual se produjo la mayor transferencia instantánea de ingresos de la historia argentina en contra de los trabajadores, ofrece con gesto magnánimo mantener los niveles de empleo a cambio de una pauta salarial decreciente. Acéptenla con cuentagotas porque si no viene con manguera, implica. La impaciencia del sector hacia un gobierno que ha seguido el rumbo opuesto es tal que el diario La Nación publicó el domingo 14 una columna en la que se atribuye a cinco “encumbrados ejecutivos” que dialogan sobre “los pares que han acompañado al kirchnerismo” esta frase ejemplarizadora: “No hay que perdonar a nadie –dijo a este diario uno de ellos–. Esto fue inédito desde la dictadura: acá tiene que haber un Nuremberg argentino”.
Por Horacio Verbitsky
La utilidad de los psicodiferentes es que dicen antes y más claro que otros lo que todos los miembros de la especie piensan. Esta semana fue el turno del presidente de Fiat Auto, Cristiano Rattazzi Agnelli y del secretario de la Unión Industrial José Ignacio de Mendiguren, quienes hicieron públicas sus opiniones sobre la inflación y las negociaciones salariales, que por supuesto vinculan. Rattazzi Agnelli vive en la Argentina porque su poderosa familia entendió que aquí podía hacer menos daño a los intereses comunes. De Mendiguren es el encargado de las tareas sucias en la UIA. Hace ya muchos años liquidó todas sus inversiones productivas y sólo se dedica a las financieras, pese a lo cual sigue actuando como vocero de los industriales.
La preocupación de Rattazzi Agnelli son los presuntos “desbordes salariales”, que atribuyó tanto a la reactivación brasileña que sostiene la demanda de vehículos producidos en la Argentina como a las negociaciones sindicales de aumentos. Dijo que habría problemas “a mediano plazo” debido a “la cadena de pedidos salariales año a año tan altos”. Agregó que había que copiar el ejemplo de Brasil, Uruguay y Chile para controlar la inflación. El gobierno debería controlar las expectativas del sector laboral, que a su juicio sería el motor de la inflación. De Mendiguren, ministro de Devaluación y Pesificación Asimétrica durante el interinato del ex senador Eduardo Duhalde, durante el cual se produjo la mayor transferencia instantánea de ingresos de la historia argentina en contra de los trabajadores, ofrece con gesto magnánimo mantener los niveles de empleo a cambio de una pauta salarial decreciente. Acéptenla con cuentagotas porque si no viene con manguera, implica. La impaciencia del sector hacia un gobierno que ha seguido el rumbo opuesto es tal que el diario La Nación publicó el domingo 14 una columna en la que se atribuye a cinco “encumbrados ejecutivos” que dialogan sobre “los pares que han acompañado al kirchnerismo” esta frase ejemplarizadora: “No hay que perdonar a nadie –dijo a este diario uno de ellos–. Esto fue inédito desde la dictadura: acá tiene que haber un Nuremberg argentino”.


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